lunes, 11 de abril de 2016

Ağlama.

Dice Silvio que ojalá no duela tanto no verte. Yo digo que destruirte. Cuando pienso que lo roto no lo está del todo vienes tú y me besas. Con un "todo va a ir bien" en la punta de la lengua. Llegar y contagiar las ganas de vivir que no tienes también cuenta como súperpoder, cactus. Arroyar con todo lo (auto)impuesto se hace suspiro con un huracán como tú. Esos ojitos tienen la cara C del mundo: la que nadie sabe ver. Vístete con tu camisa blanca y celebra que las banderas también son así. De quererte en reflexivo como nunca te has odiado. Lo jodido de escupir hacia arriba es que a veces lo confundimos con llover. Me acaban de pillar sonriendo de reojo y no me ha quedado otra excusa que hablarles de ti. Y Debod. Y todos los parques donde no sólo niños ríen alto. O sí y fue Sophie quien te comió los miedos. Mi niña interior quiere hacerle el boca a boca a tu niño interior para que nunca se le olviden los colores. Y sacárselos. Como la maldita idea que no tengo de ti. No te recrees en ella, que tu sitio ya me lo cantó Antonio Vega. Báilame el agua siempre me pareció tu mejor forma de hacer pie mientras nos ahogábamos. 

Un último favor y prometo desaparecer: quiérete. Con todo el frío en el pecho que hace balance con el calor de ese par de manos siempre calientes. Con las telarañas creciendo en nuestros rincones favoritos. Con los sueños entre los dientes porque no se me ocurre mejor forma de sonreirle al mundo. 



(Nunca desaparezcas 
porque sino no voy a saber reconocerte entre toda esta multitud que sólo es gente.)

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